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Aquellas pequeñas cosas

Viernes de las fiestas. Todo preparado en la Avenida de Franco para las Olimpiadas en la calle, salvo un par de coches rezagados cuyos dueños no vieron (o no quisieron ver) la señal de “prohibido estacionar” que llevaba un par de días en la acera. La grúa trabaja con eficacia. El gruero ya tiene enganchado un Peugeot granate, casi nuevo. Último escollo: un Renault Clío blanco con los logos de una cementera. Decido esperar. Ese coche va a tener historia.

El gruero mira el Clío con resignación, sabe a quién pertenece: es el vehículo de trabajo de un ex concejal que, muy a su pesar, se hizo bastante famoso al final de la legislatura anterior. Ya no es edil pero su partido sigue gobernando. El gruero sigue mirando el coche, las dudas le asaltan, pero decide hacerlo.

Un comerciante de la zona, nada más empezar el gruero con la faena:

—¡Oye, que éste es el coche del concejal!

—Ya.

—Si quieres lo llamo.

—No… ¿Sabes dónde vive? —el gruero reconsidera su conducta.

El comerciante le indica la dirección exacta. El gruero se dirige hasta la puerta y pulsa el timbre. Nada. A retomar el trabajo. Treinta segundos después, casualidades de la vida, un coche de policía. Para al lado de la grúa. Los municipales comentan algo con el gruero, que gesticula mientras habla. Parece decirles que ya ha hecho todo lo que estaba en su mano para resolver la situación amistosamente.

Intuyo que, ahora sí, el gruero va a cumplir con su obligación. Me voy, y entonces pienso que a lo mejor soy un poco injusto y que las cosas quizá no funcionan tan mal como creo. Pero los polis han dado la vuelta a la manzana y están hablando con el concejal responsable de las Olimpiadas en la calle, que escucha con atención mientras saca el móvil del bolsillo y se lo pega en la oreja. Mientras llama no pierde de vista al Renault blanco.

Dos minutos y la situación se resuelve: la grúa se marcha vacía y el Renault descansa bien aparcado cincuenta metros más adelante. El dueño, que apareció para cambiarlo de sitio.

Ahora sí que me voy, pensando en mis pensamientos injustos, y me viene Serrat a la cabeza. Qué sería de la vida sin (estas) Aquellas pequeñas cosas. Qué preciosa canción.

_____________

Me gustaría poder decir que éste es un relato de ficción, pero no puedo. El texto original es mío y la edición ha corrido de la mano de Niño Burbuja.

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7 comentarios

  1. kike dice:

    Mecagúen en el gruero, el comerciante, la “poli”, el ex, el otro y sobre todo en la Aldea de la Genérala Franco.

  2. Pepino dice:

    Yo no creo que haya que cagarse en nadie, y mucho menos en el gruero.

  3. kike dice:

    Tu puedes creer lo que quieras, pero a mi me llevaron el auto y nadie me avisó, he tenido que pagar la grua y la multa correspondiente. Si hubiera presenciado lo que cuentas, el gruero, la “poli” y los jefes del gruero (que se me habia olvidado) me tendrían que haber escuchado.
    P.D. El “mecagüen” no es una forma escatológica de protesta, sino, la manera menos mala de protestar. Si te molesta la retiro no tengo problemas.

  4. Tony dice:

    Yo presencié lo que aquí se narra y quiero defender al gruero porque el pobre chaval iba a llevarse el coche, pero claro viene uno, que no entiendo bien porque lo hizo, y le suelta: “Eh, que ese coche es del concejal quieres que le dé un toque” (bueno, ex-concejal pero esas fueron sus palabras exactas).
    La segunda vez que el gruero engachó el coche lo tuvo que volver a dejar porque sucedió como se cuenta aquí, y a los pocos minutos apareció el dueño.
    Siento lo de multa, pero claro te la tenían que poner por aparcar en un lugar que no se podía, igual que se la tenían que haber puesto al dueño del coche blanco. En fin, no todos los rodenses somos iguales si hubieras sido “amiguete” te habrían buscado igual.

  5. kike dice:

    Ya se que el de la grua es un “mandao”, como lo es el policía que pone las multas.

    Cuando a mi me llevaron el auto claro que estaba mal puesto, no me había percatado de la señal, pero transcurrió el tiempo que tarda en decir un misa (en ella estaba) y el gruero que se llevó el todo terreno sabía de quien era (hay pocos autos como el mío, además lleva mi nombre puesto en la puerta).

    Lo que quiero dejar claro, es que todos los participantes en el “follón” son igual de culpables. Quizás el ex sea el más inocente. ¿Que hay que tener condescendencia con los “mandados”? pues nada, se tiene,… pero con todos.

  6. piimargall dice:

    Si lo sucedio fue como contais, la actitud del gruero fue adecuada. Eso no quita para que el comportamiento del ex-concejal sea acorde con su mandato como concejal: desafortunado y oportunista. Fue concejal para sacar provecho de la concejalia que desempeñaba. Suministrador de hormigón y cemento, siendo concejal de urbanismo. ¿… ? Vivir para ver. El colmo fue lo del parque fotovoltaico ( o similar), que a punto estuvo de salirle bien. Gracias a Cronica de La Roda, se supo toda la verdad ( por cierto, simpatizantes del PP, aun no lo han cerrado ni metido a nadie en la carcel). Los alemanes no tragaron. Retomando el inicio digo que la actitud del gruero fue adecuada porqué cuando se retiran vehículos de estos actos, no se cobra nada al responsable del vehículo, por tanto si es él mismo quien lo retira se ahorra dinero el ayuntamiento. Bien por el gruista, un 10.

  7. pajaro de barro dice:

    UNOS APLAUSOS….

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